Centro de arte rupestre Tito Bustillo

Este fin de semana hice una pequeña escapada a Asturias y tuve la ocasión de pasar por Ribadesella para visitar el Centro de arte rupestre Tito Bustillo. Tengo que decir que la visita a la cueva fue estupenda, tanto por la belleza geológica de la propia cueva como por el maravilloso arte rupestre que pudimos contemplar en el panel principal. Es realmente increíble pensar que estás delante de unas pinturas que llevan ahí muchos miles de años (literalmente) y que han persistido para que aún hoy en día las podamos disfrutar. La cueva fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2008 y está considerada como uno de los mejores ejemplos de arte paleolítico.

La cueva de Tito Bustillo fue descubierta en 1968 por un grupo de espeleología que decidió descender por una sima llamada Pozu’l Ramu. Quince días después de este asombroso descubrimiento, uno de los miembros del grupo, de tan solo 18 años, falleció en una expedición en los Picos de Europa. Ese chico era Tito Bustillo, y la cueva fue bautizada con su nombre como homenaje.

El acceso a la cueva se realiza a través de un largo túnel artificial que el Patronato de Cuevas Prehistóricas de Asturias decidió hacer tras el descubrimiento para facilitar la visita a los turistas, que de otra forma tendrían que caminar unos tres kilómetros hasta la entrada. Ocurre sin embargo que este túnel facilita las inundaciones de la cueva, lo que es preocupante sobre todo debido a la contaminación de las aguas, que puede dañar no sólo las pinturas, sino las preciosas formaciones geológicas características de las cuevas de estas montañas calizas. Han intentado minimizar los efectos de estas inundaciones colocando puertas a lo largo del túnel que hay que atravesar en el camino de acceso. Es algo bastante curioso.

El panel principal de la cueva tiene inventariadas varias decenas de pinturas de distintas épocas, que fueron pintadas a lo largo de miles de años sobre la misma pared. No sabemos qué significado sagrado o mágico debía tener ese lugar para que fuera el elegido por los artistas para plasmar sus obras de arte. Las pinturas más antiguas son del periodo premagdaleniense, con más de 20.000 años de antiguedad, y las más “modernas” son del propio periodo magdaleniense y tienen entre 12.000 y 17.000. La cultura magdaleniense fue una de las últimas del Paleolítico Superior en Europa Occidental.

Por razones obvias, no pude sacar mis propias fotos en el interior de la cueva (no estaba permitido), pero aquí os dejo algunas que he recopilado. En la primera se pueden apreciar varias figuras de caballo y una cabeza de reno (la cabeza de reno está en la parte inferior derecha; está mirando hacia la izquierda). Una característica que hace estas pinturas únicas en el mundo es la tonalidad violeta que estos artistas utilizaron para colorear algunas de sus dibujos. Para lograr estas tonalidades hicieron mezclas de minerales de la zona. Así, en el panel principal encontramos colores rojizos, ocres, negros y violetas, además del color de la propia roca, claro. En las fotos no se aprecia bien, pero los artistas aprovecharon las formas de la pared en un intento de dar tridimensionalidad a sus obras, de manera que no dibujaban donde querían, sino donde debían, es decir, en el lugar preciso que realzaba la forma y el dibujo del animal que querían representar.

Esta segunda foto es de una bellísima cabeza de caballo que lleva ahí unos 12.000 años, pero que parece que alguien acaba de pintar en la pared. Es algo increíble.

Hay que decir que el panel principal no es la única parte de la cueva que tiene pinturas, sino que hay multitud de pequeños espacios con más dibujos. Lo que ocurre es que solo el panel principal es visitable. El resto son salas de difícil acceso o de muy pequeñas dimensiones. En la web del museo se pueden ver fotos de todas las zonas de la cueva en las que hay representaciones.