27 mayo 2011

Alimentos transgénicos

Los alimentos transgénicos son aquellos que han sido obtenidos a partir de organismos, habitualmente vegetales, en cuyo genoma se ha introducido material genético de otra especie animal o vegetal. De esta manera es posible producir vegetales que presenten propiedades deseables como la resistencia a los herbicidas o a las heladas. Hoy en día existen muchas plantas transgénicas aunque debido a diversas razones, sólo algunas están autorizadas.  Algunas de las más comunes son el maíz y la soja transgénicas.

Existe una gran controversia en torno al uso de alimentos transgénicos, debido a las dudas que surgen sobre los efectos negativos que podrían tener sobre la salud de los seres humanos o sobre el propio ecosistema en el que se cultiven. Una de las posturas más destacadas en contra de este tipo de alimentos es la de muchas organizaciones naturalistas y ecologistas que claman en favor de una agricultura biológica y orgánica, y de una alimentación en la que no haya lugar para los alimentos que hayan sufrido modificaciones o alteraciones genéticas, o que hayan sido tratados químicamente durante su crecimiento.

Según explican sus detractores, los riesgos potenciales de los alimentos transgénicos son graves. Por ejemplo, daños a la salud de las personas que los consuman, como el desarrollo de resistencia a los antibióticos o reacciones alérgicas a los nuevos alimentos en personas susceptibles, sobre todo niños y bebés. También plantean daños medioambientales como la posibilidad de que las plantas y animales modificados puedan tener cambios genéticos inesperados y dañinos, que los organismos modificados se puedan cruzar con organismos naturales y esto desencadene daños ambientales graves e impredecibles, o que el polen de los campos de transgénicos pueda desencadenar episodios de contaminación biológica en otros cultivos tradicionales cercanos.

Los defensores de esta tecnología afirman que los enormes controles que existen sobre este tipo de productos garantizan la seguridad. Además, hacen hincapié en los grandes beneficios que los alimentos transgénicos pueden ofrecer. Entre ellos tenemos la mejora de las cualidades nutricionales de los alimentos y de su preservación, el mejor aprovechamiento de las tierras de cultivo y la disminución del uso de pesticidas, la producción de plantas resistentes a sequías y enfermedades y que requieren menos recursos ambientales, la obtención de animales y plantas que crecen más rápidamente y la producción de alimentos medicinales que se podrían utilizar, por ejemplo, como vacunas.

Lo cierto es que la legislación actual existente en Europa obliga a que toda aplicación de la biotecnología en la alimentación pase por rigurosos controles que evalúan científicamente todos los riesgos potenciales, incluso aquellos que sólo se han considerado en un plano teórico. Todos estos procesos de control, que se aplican con mucha más rigurosidad en esta industria que en ninguna otra, nos garantizan la seguridad de los alimentos transgénicos que los superan y llegan al mercado, pero sin embargo, en muchos sectores de la población la duda persiste por la incertidumbre que acompaña a toda nueva tecnología y que podría manifestarse en forma de daños “no esperados”.