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Al igual que los hidratos de carbono, las grasas o lípidos se utilizan principalmente para aportar energía al organismo, pero también son imprescindibles para otras funciones  como almacenar energía y permitir la absorción de vitaminas liposolubles (A, D, E y K).

Todas las grasas son insolubles en agua teniendo una densidad significativamente inferior (flotan en el agua). El contenido energético potencial de las grasas es superior al de los hidratos de carbono. Aportan alrededor de 9kcal por gramo. La mayor parte de las grasas contenidas en los alimentos y en el cuerpo humano son triglicéridos, formados por tres ácidos grasos unidos a una molécula de glicerina.

Las grasas se pueden clasificar en dos grandes grupos en función del tipo de ácidos grasos que las formen:

(1) Grasas saturadas: están formadas principalmente por ácidos grasos saturados y son sólidas a temperatura ambiente. Como ejemplos podemos nombrar al tocino, el sebo y la manteca de cacao.

(2) Grasas insaturadas: Las grasas insaturadas, tienen grandes cantidades de ácidos grasos insaturados y son líquidas a temperatura ambiente. Comúnmente se las conoce como aceites. Son las más beneficiosas para el organismo, y algunas contienen ácidos grasos que son nutrientes esenciales que el organismo no puede fabricar, y sólo pueden obtenerse mediante ingestión directa. Como ejemplos tenemos el aceite de oliva o el de girasol. Existen varios tipos de grasas insaturadas:

– Grasas monoinsaturadas: Son las que aumentan el “colesterol bueno”‘ (HDL,  Lipoproteínas de Alta Densidad) y bajan el “colesterol malo” (LDL, Lipoproteínas de Baja Densidad). Un ejemplo de este tipo de grasas es el ácido oleico (omega 9). Podemos encontrarlo en el aceite de oliva.

– Grasas poliinsaturadas: Tienen un efecto beneficioso en general, disminuyendo el colesterol total. Se encuentran en los pescados azules y en muchas semillas y frutos secos, como las nueces, la soja… Ejemplos son el ácido linolénico (omega 3) y el ácido linoléico (omega 6).